martes, 5 de marzo de 2013

Aquel correo que Clara nunca debió enviar.


Y, llegados a este punto, me pides que todo empiece a adquirir un tono más serio (gris, marrón, quizá negro). Te miro desde la cama, observo cada una de tus palabras y huelo el miedo acercándose a mi mente.

No sé como decirte que me encanta tu sonrisa, la manera en la que me desvistes o los juegos de palabras que nos dedicamos cada media noche; pero que no pasaría la vida entera conformándome con lo mismo, cariño. 

Todo, al principio, está bien; pero al fin y al cabo, preferimos que alguien nos vuelque el corazón a que nos haga sus latidos más tranquilos.

Y, de todos modos, siempre he preferido los colores más alegres.

No hay comentarios:

Publicar un comentario